[Codex Cerevisiae] – La Tremenda

Iniciamos la la nueva sección del blog, Codex Cerevisiae [¡plink!], con la primera cerveza, y la elegida para esta ronda es “La Tremenda”, de la cervecera “La Pirata” [¡plink!], localizada en Súria (Barcelona). Si bien llevan en el mercado desde 2012 como fábrica nómada, inauguraron sus propias instalaciones en 2015, no sin antes sufrir en carne viva los problemas típicos de la creación de una microcervecería, como los dichosos retrasos en la entrega de la maquinaria.

Elaboran un buen plantel de cervezas, donde destacan la “Viakrucis” (IPA), “Súria” (una Pale Ale sin gluten), la “Black Block” (Imperial Stout), o de la que hablaremos hoy, una imperial IPA bautizada como “La Tremenda”, como un pequeño homenaje a un Centro Social Okupado en Manresa con ese nombre.

“La Tremenda” se describe por sus autores como una Imperial IPA old school, es decir, con algo de maltas caramelizadas, de cuerpo moderado, amarga y con una lupulización alta en todas sus fases.

Está elaborada con malta base y caramelo para alcanzar 8% de alcohol, y para conseguir los 120 IBU que marca la etiqueta, se usan ¡20 cuotas durante los 90 minutos! de Chinook, Summit y Amarillo. Y por si faltaba lúpulo, tiene un dry hopping de Amarillo y Simcoe.

Los jueces BJCP invitados a esta ronda son Orkatz (alias Darraiden), conocido en la blogosfera como referencia cervecera por su blog Birrocracia [¡plink!], Eduardo Sánchez (alias Edoom) y Luisal. Todos ellos (incluido el que suscribe), con el rango Certified

IMG_20170505_221731_processedManuel Jim.

Aroma: Aromas moderados-altos a lúpulos frutales y tropicales. Notas
muy tenues a malta dulce (caramelo) y una pizca de alcohol.
Las notas maltosas y alcohólicas suben a medida que la cerveza se calienta. No se notan ésteres
procedentes de la levadura.(9/12)
Apariencia: Espuma color beige, con poca retención. Cerveza color
bronce anaranjado. Es turbia, en el
sentido de que no deja pasar la luz,
sin impurezas. (3/3)
Sabor: Notas intensas a lúpulo frutal y tropical. Ligeras notas cítricas. Amargor pronunciado, que se queda  en retrogusto pero no por mucho  tiempo. La presencia de notas  maltosas (dulzor) se acrecienta  cuando la cerveza se calienta,  pasando desapercibida cuando está  más fría. (15/20)
Sensación en boca: Carbonatación
media-alta, con cuerpo bajo a medio  y final seco, lo cual la hace muy  bebible. El final es redondo (sin  astringencia) y el amargor residual  muy agradable. Cuando se calienta,  surge cierto dulzor alcohólico,  sensación parecida a una barley  wine. (4/5)
Impresión general: A pesar de los
120 IBU que pone en la etiqueta, no
se notan, se llevan muy bien. El
equilibrio con el dulzor de la malta
está muy conseguido. Quizás un
poco más de retención de espuma le  vendría bien, aunque es un detalle  estético. (8/10)

Puntuación total: (39/50)

 

IMG_20170505_221410_processedLuisal

Aroma: Fuerte aroma lupulado que  trae recuerdos a piña, melocotón y  mandarina, pero sobre todo se  impone la mermelada de naranja cuando se entremezcla con la sólida base de caramelo. Perfil limpio de  fermentación, y ligeros efluvios
alcohólicos al remover. (10/12)
Apariencia: Color naranja tirando a  ámbar, ligeramente turbia y con una  cabeza de espuma fina y con buena  retención. (3/3)
Sabor: Sabor intenso y limpio a
lúpulos frutales. Fuerte amargor
bien soportado por una potente
maltosidad que se esconde tras el
potente carácter del lúpulo. Me recuerda a tostadas con mermelada de naranja amarga. No noto DMS ni
diacetilo ni ningún otro subproducto fermentativo. Final ligeramente
amargo alcohólico y persistente.
(16/20)
Sensación en boca: De cuerpo
pleno, y sensación untuosa que es
remarcada por una carbonatación
ligera y cremosa. Algo de calidez
debido al alcohol aunque combina
bien con el dulzor medio-alto. (4/5)
Impresión general: Muy aromática y sabrosamente lupulada, limpia y brutal. Amarga, pero no rasca. Muy equilibrada y a la vez potente alcohólica pero bebible. En definitiva, una cerveza de extremos equilibrados que me ha hecho disfrutar de lo lindo. ¡Buen trabajo!
(9/10)

Puntuación total: (42/50)


IMG_20170505_222847_processedEdoom

Aroma: Predominio de aromas de
lúpulo americano, con énfasis en
cítricos, (pomelo) y algo de pino.
Ligero melocotón, sino es de éster
es por el lúpulo. Malta moderada,
con unos aromas de bizcocho y
gallera recién horneada. (9/12)
Apariencia: Color anaranjado, con
buena claridad, no es muy turbia. La
espuma es media, con buena
retención, de un color blanco roto
(hueso) y textura cremosa. Bastante
bonita acompañada de un bonito
encaje de Bruselas. (3/3)
Sabor: Sabor de lúpulo medio-alto,
de características cítricas (pomelo) y
también de pino, como en aroma. La
malta está debajo, no solo de
soporte, carácter medio, también
como en aroma, sobretodo
bizcocho, galleta, y confitura
(frutosidad media baja) Amargor
largo, persistente, medio-alto. El
equilibrio es hacia el lúpulo, el
amargor deja toques de pomelo,
naranja al cabo de un rato.
Ligeramente seca, aunque no del
todo, y con un final ligeramente
amargo. (17/20)
Sensación en boca: Cuerpo medio,
con una carbonatación moderada.
No hay sensación alcohólica, ni
calentamiento. Ligera cremosidad,
no se encuentra astringencia
derivada del lúpulo. Ok (4/5)
Impresión General: Una cerveza con
un buen trabajo de lúpulos que
están en primer plano, pero sin
opacar el resto de aromáticos y
sabores, como el caso de la malta.
Con un amargor que no es pesado y
una tomabilidad extraordinaria. a
pesar de que a veces recuerda a una
barley wine (8/10)

Puntuación total: (41/50)

IMG_20170505_221510_processedDarraiden

Aroma: Aroma medio-alto a lúpulo
de tipo frutal con notas cítricas,
resinosas y a fruta carnosa madura
como mango y algo de piña. Alguna
nota tenue de fondo herbal, que no
opaca a las notas frutales
dominantes. Aroma a malta bajo,
ligeramente dulce, de tipo caramelo. Perfil de fermentación limpio, sin esteres ni fenoles. Notas medias alcohólicas. Sin diacetilo ni notas sulfurosas. (8/12)
Apariencia: Limpia, pero no
cristalina. Color cobre claro,
anaranjado. Espuma blanco roto,
abundante, de retención mediabaja, y textura cremosa. (2/3)
Sabor: Sabor a lúpulo alto con notas frutales a piel de cítricos tales como lima o pomelo rojo y ciertas notas herbales y resinosas que recuerdan suavemente a las agujas de pino. Amargor muy alto, pero sin astringencia, aunque si una leve aspereza. Maltosidad medio-baja, de sensación ligeramente dulce, con dejos a caramelo suave. Final seco y
largo, prolongado por el amargor.
Equilibrio claramente orientado
hacia el lúpulo y el amargor, con las maltas empleadas solo como
soporte. (16/20)
Sensación en boca:
Carbonatación media, cuerpo
medio-bajo, sin diacetilo, sin
astringencia y sin viscosidad, pero
de amargor largo y palpable en boca como una ligera aspereza. (4/5)
Impresión General: Cerveza
excelente, con gran intensidad de
amargor y lúpulo en sabor y aroma. Como sugerencia, tal vez mejoraría con cierto incremento en la complejidad de aroma a lúpulo con un carácter más frutal y menos
herbal, o con el uso de más lúpulo
en adiciones tardías o en dry
hopping para reducir la aspereza del final del trago. Por lo demás, genial interpretación de una West Coast Dipa, con gran presencia de los lúpulos “C”, resultado en una
cerveza muy bebible que invita al
trago. ¡Felicidades! (8/10)

Puntuación total: (38/50)


V Congreso anual ACCE | Madrid 2016

Si hay algún evento cervecero digno de magnificencia, mucho más que cualquier Oktoberfest de pacotilla o festivales regionales, sin duda alguna, no es otro que el congreso anual de la Asociación de Cerveceros Caseros Españoles (ACCE).

Tras las reuniones de Murcia, Sevilla, Barcelona y mi ausencia de Valencia, este año mi asistencia vuelve a estar asegurada, ya que además, este V congreso se celebra en Madrid (concretamente, en Torrejón de Ardoz), los días 4, 5 y 6 de marzo.

En este tipo de reuniones (cuya asistencia, si eres jombrigüer convencido, es ineludible) se congregan todos los tipos estupendos que forman parte de la ACCE, y si no bastara sólo con eso, se organizan talleres de interés general, como pueden ser las catas de defectos, tratamiento de aguas para la elaboración de cerveza, historia y teoría de la elaboración de hidromiel (que salvo afonía galopante, pilotará un servidor de ustedes), lúpulos, manejo de cornis e infinidad de otros temas apasionantes.

Pero además, se están organizando visitas a algunas microcervecerías de la zona que han tenido a bien acoger a jombrigüeres ávidos de conocimientos, y el concurso anual, que este año (y como ya comenté en este post [¡plink!]) se centra en el estilo Märzen. Y que según los preparativos por parte de la organización, promete ser el más laureado y profesional de todos los concursos habidos en nuestro país, en el sentido que será orientado a los cánones BJCP. Y de la BJCP quería yo hablar, puesto que en este evento, también habrá un examen práctico para convertirse en juez de dicha organización.

Yo guardo muy buenos recuerdos de las anteriores reuniones, ya que siempre se aprende algo (¡mucho!), se prueban cientos de brebajes de otros tantos jombrigüeres, con los que puedes comentar la elaboración y los resultados, y puedes ponerle cara a todos esos nicks que ya conoces de sobra de foros y otros sites del mundillo.

Hay una web exclusiva donde podéis encontrar todos los detalles (y que se irá actualizando) sobre el evento, y que es esta: [¡plink!].

Así que… ¡allí nos vemos!

Los estilos cerveceros: Intro

Si pusiera un enlace a cada blog donde se han discutido las posiciones acerca de la utilidad o futilidad de los estilos cerveceros, sería una lista bastante larga, así que me la ahorro, ya que casi la totalidad de los blogs dedicados a la subcultura cervecera pasan por esta misma estación tarde o temprano. Incluso en algunos de ellos, he dejado mi impronta sobre lo que pienso acerca de este tema. Así que, he retomado viejas notas de dichas discusiones en las que intervine y expongo mi parecer abiertamente.

Los argumentos al uso no se me han ocurrido a mí, sino que los leí en alguna guía de elaboración (no recuerdo cuál de todas ellas fue), que me perdone su autor. En cualquier caso, la ventaja del uso de los estilos cerveceros, cuya gestión más conocida viene por la BJCP, sería uno y trino, como la Santísima Trinidad, y viene en función del punto de vista.

UNA: A los fabricantes de cerveza les permite hablar de un producto concreto en un marco concreto sin explicaciones eternas. Es decir, hablarle de tú a tú a otro cervecero y decirle “estoy pensando en una Stout, pero que en lugar de negra oscura sea a rayas rojiblancas” en lugar de “estoy pensando en una cerveza opaca como el cielo de la noche, cremosa espuma, matices de café y maltas tostadas y una pizca de diacetilo rampante y con una densidad inicial X, pero que sea a rayas rojiblancas”.

Por lo tanto, la primera ventaja de conocer los estilos de la BCJP es facilitar la comunicación gremial.

DOS: Los diferentes vendedores y distribuidores de cerveza, en sus bares, restaurantes, pubs, etc, tienen la ventaja de poder anunciar en su carta de menú lo que ofrecen. No es lo mismo poner “HOY OFERTA EN PILSENER” que “hoy oferta en Mojón de Charnego y Chaleco de Santa Claus”, que confunde más que aclara. Los consumidores, por tanto, pueden ver qué hay de un vistazo rápido a una carta-menú ordenada con algún tipo de lógica posible. Sigue siendo un argumento de mejora de comunicación, pero con un matiz particular.

TRES: el último de la fila (y a la postre, el más importante), el consumidor, puede elegir, teniendo en cuenta las expectativas que le da la cerveza en función de su descripción. El consumidor puede decir “hoy tengo cuerpo de IPA”, y buscar una que se anuncie como IPA (que luego puede ser más o menos buena, o estar más o menos rica, como prefieras decir), en lugar de tratar de “adivinar” cuál entre todos los nombres exóticos va a encajar en lo que te apetece. Otro punto de vista para la misma cuestión.

La conclusión es que gracias a la clasificación por estilos, podemos tener expectativas sobre un brebaje. Por suerte o por desgracia, sólo se reduce a expectativas, el resto hay que dejarlo a mente abierta. Ron Pattinson lo tiene muy claro cuando trata de definir qué es un estilo de cerveza, y lo hace diciendo que un estilo de cerveza es un consenso entre el cervecero y el consumidor, un atajo para describir las características esenciales de una cerveza y su potencia alcohólica. Ni es absoluto, ni es inmutable, y como tal, vive en un flujo continuo de cambios y adaptaciones. Y yo estoy muy de acuerdo.

Evidentemente, como en todo, el extremismo es malo (hubo quien en un blog tildó a los estilos de la BJCP como “Ley Talmúdica”, rezumando ironía). Por un lado, alguien vendrá a decir que cierta cerveza etiquetada como tal estilo, en realidad no pertenece al mismo (si no a otro diferente o parecido), y por lo tanto se está cometiendo algún tipo de fraude. Sí, es muy cierto si lo miras con detenimiento. Por un lado está bien reconocer que llegado un punto, la cerveza puede decepcionarte si lo que esperabas no se enmarca en el resultado de la misma, una vez servida. Principalmente porque habíamos quedado en que la clasificación por estilos respondía a una cuestión de comunicación. Por otro lado, hay quien invita a que podríamos ser algo flexibles y entender que si la cerveza está rica, aunque etiquetada con otro estilo, es mejor no hacer mucho caso y pedir otra… Y hay gente que le toma la matrícula a la fábrica de esa cerveza para tener cuidado con el resto de su gama de cervezas, ya que si se han “equivocado” en un estilo, nada quita que se “equivoquen” en otro…

Pero sobre todo, nadie debería admitir los estilos como un corsé a la creatividad de cada cual y, las propias descripciones de la BJCP te sirven para maltratarlas y personalizarlas, y aun así, describir lo que ofreces o quieres. Nada te impide describir tu cerveza como una “Spanish Pilsener” (¿einh?), una “Sweet-Bitter English” (¿cómo?), una “Blonde Stout double IPA”, o una “Golden Stout” si con eso estás ofreciendo una idea (aunque sea orientativa) de que puedes llegar a encontrarte. El darwinismo cervecero te hará sobrevivir en la jungla o que tu cerveza se pudra en la botella (o barril).

Resumiendo, yo prefiero elegir entre una IPA, una Stout o una Pilsener (marcadores de estilo muy diferentes entre sí) que enfrentarme a una lista con los nombres de “Azofaifa Blues”, “Ojete de Temístocles” y “la Coliflor Ululante de Flandes”, o moverme entre la mandanga extendida de “rubias, tostadas y negras”, o las increíblemente originales y descriptivas “rojas” y “blancas”, como distinción para aumentar el cupo. Aburrido, en cualquier caso.

El origen de los estilos, la mayoría de las veces, están rodeados de leyenda, casi todas muy arraigadas pero que nada tienen que ver con la realidad histórica. Y es que la realidad histórica y la BJCP difieren tanto entre sí, que merece la pena hacer un repaso individual a los estilos más famosos y conocer los dos puntos de vista, por lo que en posteriores entradas discutiremos sobre la utilidad (y/o la verdadera existencia) de algún que otro estilo cervecero, y profundizaremos en muchos de ellos